El interés compuesto explicado (con ejemplos)

Al interés compuesto se le llaman muchas cosas grandiosas, desde la octava maravilla del mundo hasta lo más parecido a la magia que tiene el dinero. Quita el espectáculo y queda una idea simple: tus intereses generan intereses propios. Una vez que ves cómo se desarrolla ese único bucle a lo largo de los años, la diferencia entre ahorrar pronto y ahorrar tarde deja de ser un eslogan para convertirse en un número que puedes calcular tú mismo.

Interés simple frente a interés compuesto

El interés simple se paga solo sobre el dinero que aportas. Coloca 1000 al 7 % de interés simple y ganas 70 cada año, indefinidamente. Diez años después has ganado 700, y los 1000 iniciales siguen siendo lo único que trabaja para ti.

El interés compuesto es distinto porque cada año el interés se suma a tu saldo, y el año siguiente se calcula sobre ese total mayor. Coloca los mismos 1000 al 7 % capitalizado anualmente y el primer año sigue ganando 70. Pero el segundo año gana el 7 % de 1070, no de 1000, es decir, unos 75. El año siguiente gana el 7 % de 1145. Nada espectacular al principio. La fuerza está en la dirección del movimiento: cada año la base crece, así que cada año el interés crece también.

Un ejemplo a 30 años

Supón que dejas 1000 intactos al 7 %, capitalizados una vez al año. Tras 10 años son unos 1967. Tras 20 años, unos 3870. Tras 30 años, unos 7612. Colocaste 1000 sin añadir un céntimo y, sin embargo, más de 6600 del total final son intereses. Fíjate en la forma: el saldo creció unos 970 en la primera década, pero más de 3700 en la tercera. El dinero ganado en los últimos diez años aplasta al de los primeros diez, porque parte de una base mucho más alta. Esa curva que se acelera es lo esencial.

La regla del 72, un atajo para el tiempo de duplicación

No necesitas una hoja de cálculo para hacerte una idea. La regla del 72 es una estimación rápida del tiempo que tarda el dinero en duplicarse: divide 72 entre la rentabilidad anual. Al 7,2 % tu dinero se duplica cada 10 años aproximadamente. Al 6 % tarda unos 12 años, al 9 % unos 8, y a un mísero 2 % tarda unos lentos 36 años. El truco es una aproximación, la más precisa para tipos de entre el 6 y el 10 %, pero es lo bastante cercana para hacerla de cabeza y deja claro el coste de un tipo bajo.

¿Por qué un pequeño cambio de tipo importa tanto?

Porque las duplicaciones se acumulan. El dinero que se duplica cada 10 años en vez de cada 12 gana una duplicación más, o varias, a lo largo de una vida laboral, y cada duplicación se aplica a un montón ya mayor. En unos años, la diferencia entre el 6 % y el 8 % parece trivial. En treinta, suele marcar la diferencia entre una cifra final y casi el doble.

Por qué empezar pronto supera a ahorrar más

Aquí está la parte que sorprende. Como la capitalización premia el tiempo por encima de casi todo, cuándo empiezas puede importar más que cuánto ahorras. Toma 1000 colocados a un 7,2 % aproximado, que se duplican más o menos cada década. Colocados a los 20 años, son unos 2000 a los 30, 4000 a los 40, 8000 a los 50 y 16 000 a los 60. Los mismos 1000 colocados a los 40 solo consiguen dos duplicaciones antes de los 60, llegando a unos 4000. Mismo dinero, mismo tipo, pero el comienzo temprano termina cuatro veces por delante solo gracias al tiempo.

Por eso una cantidad menor ahorrada en la veintena suele superar a una cantidad mayor ahorrada en la cuarentena. El dinero temprano simplemente tiene más años para seguir duplicándose. La lección práctica no es esperar al momento perfecto ni a un sueldo mayor. Empezar poco y empezar ahora suele ganar.

Dos cosas que cambian el resultado en silencio

Primero, la frecuencia de capitalización. Capitalizar mensualmente en vez de anualmente añade algo, porque los intereses empiezan a generar antes dentro de cada año. Al mismo tipo es un impulso modesto, no un vuelco, pero es gratis, así que conviene tenerlo.

Segundo, no tocarlo. La capitalización solo funciona si los intereses se quedan y siguen generando. Cada vez que retiras las ganancias, devuelves el motor hacia el interés simple. Lo más poderoso que puedes hacer suele ser lo más aburrido: aportar y dejarlo correr.

En resumen

El interés compuesto son intereses que generan sus propios intereses, y su fuerza viene del tiempo, no de la astucia. Usa la regla del 72 para imaginar el tiempo de duplicación, empieza lo antes posible en vez de esperar a ahorrar más, y deja correr el saldo. Para verlo con tus números, introduce una cantidad inicial, un tipo y un número de años en nuestra calculadora de interés compuesto y observa cómo se empina la curva.

Preguntas frecuentes

¿Qué diferencia hay entre interés simple y compuesto?

El interés simple solo se paga sobre el importe inicial. El compuesto se paga sobre el importe más los intereses ya ganados, así que crece a un ritmo creciente con el tiempo.

¿Con qué frecuencia debe capitalizar el interés?

Para el ahorro, más a menudo es mejor. Diaria supera a mensual, que supera a anual, al mismo tipo, aunque la diferencia es pequeña a tipos modestos.

¿Por qué importa tanto empezar pronto?

El dinero más antiguo capitaliza más tiempo, así que crece más. Empezar diez años antes puede casi duplicar la cantidad final para el mismo ahorro mensual.

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